Ghost Rider: El Espíritu de la Venganza – Varios Autores

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QUÉ: Dentro del Coleccionable Marvel Héroes, Panini reedita los siete primeros números de la serie del Motorista Fantasma de los noventa.

CÓMO: La proximidad de la nueva película del personaje -¡ay!- y la actual serie que publica Marvel deben haber facilitado la recuperación de estos números. Y yo casi siempre pico con el bueno del Motorista, hasta con la película, la madre que me matriculó.

CUÁNTO: 9,99 euromarcos, 192 páginas a color. Sale la calavera a un céntimo más o menos.

DÓNDE: Estás en el lugar correcto si lo lees cerca de institutos y salones recreativos, sobre motos de 50 cc o en una cadena de hamburgueserías el sábado a las seis de la tarde.

POR QUÉ: Los que nos hicimos adultos en los noventa -¡ay! otra vez- asistimos a la proliferación de los superhéroes malotes, que decían tacos como ¡¡#%@&!!, vestían indefectiblemente chaqueta de cuero, e iban armados sí o sí, aunque fueran invulnerables o levantaran montañas con los párpados. De esto saben mucho en ADLO!, defensores -la ‘D’ es de ‘Defensa’- de las grandes historias y los grandes autores de la época.

Sea como fuere, se rescataron y revisionaron personajes de sonrisa rechinante y ceño fruncido. El Motorista Fantasma es, en este sentido, un hijo de su época, y eso que el Motorista original, Johnny Blaze, ya era un tipo torturado y de diseño impactante: el cráneo llameante, el cuero y la motocicleta calavérica estaban ahí mucho antes.

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Viñeta que resume perfectamente el tebeo: motos, cuero, llamas y ninjas. Sólo falta el vampiro del segundo episodio.

Pero éste ya no es Blaze, es Danny Ketch, un muchacho de Brooklyn que en mitad de un tiroteo se topa con la moto que, al activar un extraño medallón que tiene sobre el depósito, lo transforma en el Espíritu de la Venganza. Hemos perdido el elemento satanista de los setenta por uno mucho más prosaico: la violencia callejera. MAL. Su protagonista ya no es un vagabundo circense que recorre los desiertos de Estados Unidos, si no un adolescente urbano temeroso. REGULAR. A cambio, nuevos elementos se suman al extenso repertorio de habilidades del Motorista Fantasma, como una moto que escala paredes o la ‘Mirada de Penitencia’ que hace revivir el dolor ajeno causado por aquél que sostiene la vista. BIEN.

Argumentalmente es un tebeo justito, de lectura fácil y poco dado complicar las cosas. Un inevitable -por goloso- cruce de títulos le hará compartir viñetas con otro triunfador de los noventa, El Castigador, que aportará más bien poco a la historia más allá de un par de chistes sobre las calaveras que identifican a ambos. El dibujo de Saltares es más que correcto y se deja ver un Mark Texeira a las tintas que no tardará en tomar las riendas de la parte gráfica de la colección, con un estilo sucio que lo convertirá en un dibujante apreciado por los fans durante toda la década.

Ni tan mal, oigan. El segundo tomo de Ghost Rider tiene prevista una salida inmediata, así que cuidado, que van como locos.

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3/5 MIRADAS DE PENITENCIA

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Pues resulta que...

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